11 de abril de 2011

Y bueno...


Yo banco a todas las personas que salen a pasear con su pareja de la mano. A veces me pasa que las miro y siento envidia de que puedan salir tan libremente por ahí, con cara de recién cogidos y enamorados, sin sentirse pelotudos. Quizá tenga un problema grave con la sociedad y sienta que no necesariamente el mundo tiene que saber con quién me desnudo, y con quién no.

Generalmente cuando veo una pareja caminando tranquilamente en la suya, me pone contenta observar sus pasos coordinados y las medias sonrisas que diviso cuando se miran.

Ahora, lo que sí me molesta son las innecesarias exhibiciones de mala pornografía deserotizante, ese lenguaje corporal que sólo lo utilizás en situaciones extremas cuando hace cuatro años que te andás pajeando por abstinencia de sexo.
No es lindo salir al recreo y bancarme –además de empujones y pisotones- a dos personas que se manosean, sin consideración alguna por el hecho de que estoy ahí con cara de papa sin sal, esperando a que la manada de animales que salen expresos hacia afuera, para prender un pucho como si su vida dependiera de ello, deje el camino libre para poder respirar un poco de aire desestresante por cinco minutos.
Porque lo peor de todo es que sin poder evitarlo oís los gemidos desesperados de seres que necesitan coger hasta terminar en coma.
Y te terminás excitando.



(¡Gracias, Gabriel!)

7 de abril de 2011

Ni con la mejor intención.

En una de las corridas hacia el lugar más cercano para sacar fotocopias, terminé desparramada en el suelo haciendo que mis libros volaran y -antes de que levantara gran parte de mis cosas- se acerca un caballero con toda la amabilidad y me alcanza una libreta que había quedado en el suelo.
Mirándolo como si fuera mi príncipe azul que ha venido a rescatarme, de forma simpática le doy las gracias y me sonríe con alguna que otra ausencia de dientes. 

Definitivamente no nací para vivir historias de amor como en las películas.
Una buena te pido nomás.  


5 de abril de 2011

Queja de quejosa.

- Bo pelotudo, si  vas manejando y en una esquina tenés preferencia, ¿no te parece que al doblar la perdés?, ¿te cuesta tanto frenar dos minutos para que pase correctamente quien tenga que pasar?
Una cosa es manejar como mina, que por género no me queda otra; puedo equivocarme e ir a contramano, se me puede apagar la moto a mitad de cuadra, puedo enganchar la pierna de alguien que pasa... pero por torpe, y porque el estigma social de lo que trata mujer al volante hace que una actúe así.
Ahora, freno aunque que no haya un cartel de PARE, freno en las cebras, pongo todos los señaleros (sí, todo a la misma vez), quedo insertada en algún montón de escombro cuando están arreglando la calle y voy distraída. Me como pozos, desniveles, lomadas... pero me pone demasiado histérica y me dan ataques primitivos de querer sacarme los brazos si no respetan las preferencias. 
¿Me entendés? Zapallo. 




Consciente que de que me está por venir... aclaro que nunca estuve tan pacífica y equilibrada como ahora.
Pero eso sí, algún día los conductores me van a escuchar.